Despidiendo 2016

Hoy me he levantado con ganas de escribir en público, no me malinterpretéis, escribo a diario aquí, para mí, chorradas, ocurrencias, pensamientos…pero creo que hacer una reflexión en voz alta, de vez en cuando viene bien ¿no creéis?

Metida en la vorágine de las Navidades, parece imposible no hacer los míticos balances de año, las propuestas a 2017 y la recolección de pensamientos, de cosas que has hecho y aquellas que siguen estando pendientes…

¡Ha sido un gran año! 2016 tiene pocos peros… algunos muy pequeñitos que se quedan en un P a secas y otros que van con puntos suspensivos, largos y enormes.

El pero más largo es cuando te fuiste, fue rápido y sin despedidas, doloroso. No me dio tiempo a decirte algunas cosas, a disfrutar de tu compañía, a saber que cuando entraba en ese lugar de paredes moradas estarías, me hubiera encantado que estuvieras en nuestro gran día y quería contarte que no fue lo mismo sin ti. Te fuiste en silencio (y mira que te gustaba hablar) y ahora el lugar más mágico de mi vida está un poco más vacío.

2016 ha sido un año emotivo, un año que recordaré siempre, un año donde por fin celebré el amor que te tengo… un día donde junté a todos los que quiero, que estuvieron conmigo riendo y llorando (se de algunos que lloraron mucho), que bailaron y cayeron derrotados. Pero sobre todo un día donde pude comprobar lo afortunada que soy, la de gente que me quiere, que se esfuerza, que valora… yo ya lo sabía, y me siento orgullosa de ser quien soy gracias a todos ellos.

2016 trajo incorporaciones increíbles que harán de mi vida un sitio mejor, más feliz, pequeños que sé que serán personas increíbles y de las que me siento parte de su vida desde el principio, seré la super tía de cada uno de ellos y me los llevaré de compras y cañas cuando sean mayores (si es lo que aún se lleva dentro de 20 años).

2016 se acaba y me da pena. Ha sido uno de los mejores años de mi vida, sin complicaciones, tranquilo, sin roturas de cabeza, rodeada de gente, con una familia increíble, con unos amigos cada vez más amigos, rodeada de ti. Pero no quiero mirarlo con tristeza, ¿quién dijo que cualquier pasado fue mejor?

Querido 2017, ¡seguro que lo que viene será más emocionante todavía! Y yo, si puedo os lo cuento, a pesar de que a veces me faltan las palabras. 

Hoja en blanco

Lo más trágico para un escritor es encontrarte con la hoja en blanco.

Muchos días llego a casa y me pongo, “tienes que sacar de nuevo” me digo. Es una terapia. Escribir, para mí, siempre lo fue. Escribir es mi salvación, y por eso, últimamente estoy más inquieta, más desastre de lo normal, más cansada… Escribir me permite poner mi cabeza en orden, ordenar pensamientos, ajustar las palabras que nunca dije o que nunca pensé, encontrar sentimientos que no reconocía, que no buscaba y que al escribir salen en cada una de las líneas.

Igual tú no te das cuenta, pero si te fijas, en los espacios entre renglón y renglón existe algo, algo que sólo puedes ver cuando te fijas, algo que los que escribimos dejamos flotando en el hueco… algo de mí para ti. Escribir soy yo, y cuando estoy una temporada sin “soltar”, mi cabeza empieza a inquietarse. Es mi medicina, mi curación, mi único talento.

Y de nuevo, la hoja en blanco. Esa que te mata porque sabes que debes ponerte a ello, pero que no sabes cómo enfrentarte. Y no es difícil, te pones a escribir… y cuando acabas, relees, puede que sea una mierda absoluta, pero ahí está. Has soltado emoción, tristeza, alegría e incluso alguna lágrima en alguna ocasión, te has reído mucho o has hecho como en las pelis, has sacado la hoja de tu vieja máquina de escribir, has hecho una bola de papel y la has tirado a un suelo lleno de palabras que nunca pasaron tu buen  (o mal) veredicto.

Para mi es mi manera de encontrarme a mí misma, cuando estoy perdida, cuando estoy agobiada, me busco. Y no me busco en las tiendas (que también), no me busco en las cañas con mis amigos o en el sofá viendo una buena peli, me busco en las palabras, en dónde pongo las comas, en la manera de decir las cosas. Todo esto me define. Mi manera de pensar es mi manera de escribir. Mi manera de ser es mi manera de escribir. Ordenada e ilógica. Que sigue las modas y los impulsos animales. Desordenada con estructura, ansiosa, pequeña, mordaz. Alegre y positiva.Asertiva y testaruda. Aburrida e interesante… así soy yo, y así es lo que escribo a veces.

Mi terapia, mi pasión, mi alegría cuando tecleo. Mi aventura cada vez que lo hago. La sensación de haber hecho un buen trabajo o de haber fracasado esta vez. Los nervios en el estómago con cada línea completa. La fase de nada me vale porque todo está fatal o el día que me como el mundo y esto sale perfecto a la primera. Mis musas que van y vienen (a veces en los momentos mas inesperados) El qué dirán…

Escribir es como respirar, es un todo cuando te gusta, es nada si no lo valoras… es una vida llena de palabras o es una vida llena de espacios con letras… dar sentido, buscar sentido, buscar palabras, letras, frases, párrafos ,textos… llegar a alguien con lo que cuentas. Crecer con cada post, aprender de todo lo que haces.

Nunca nunca dejaré de hacerlo. Nunca, mi terapia, mi pasión, mi talento… aunque a veces, me falten las palabras.

Uno de los colores de mi visión se apaga.

Siempre me ha dado miedo la muerte. La muerte como final de las personas, la muerte como desaparición, la muerte como un castigo… e incluso, me da miedo, mucho miedo, hablar de la muerte con la gente. La mía propia y ni te cuento ya hablar de la muerte de los demás, de los que tengo al lado…

Se me pone un nudo en el estómago cuando pasan cosas como las del avión de Germanwings, el 11M, el 11S, el barco con 700 inmigrantes de hace poco… atentados, catástrofes, tiroteos… que se llevan a muchos de un plumazo, donde se levantan pensando en cualquier otra cosa que “ hoy es el día en que moriré”… cuando pienso en lo que las personas debieron de pensar en esos minutos de horror, pensarían que quizás el choque del avión no sería tan fuerte y se salvarían, que ese barco les llevaría a una nueva vida, que ese tren les llevaba a trabajar…lo darían todo por perdido,pienso en si lloraron, si se paralizaron… si pensaron en su familia, en sus amigos… sabiendo que nunca los volvería a ver… Me da miedo porque me intento visualizar yo en una circunstancia de esta índole y no puedo… de verdad que me agarroto, me estremezco, y desde lo más bajo del estómago me empiezan a subir unas ganas infinitas de llorar como si de olas del mar con un viento brutal me arrancase el alma. Y me da miedo y muevo la cabeza muy rápido como si de esa manera se me fueran a quitar esos pensamientos… pero a veces, vuelven. Y vivo con el miedo a que me pase algo así, pero sobre todo, a que le pase a alguien que quiero… es ley de vida, pero no me imagino mi vida sin ninguna de las personas importantes que tengo al lado, y si, algo cambiará, pero me quedo sin aliento solo de pensar cómo sería mi vida, como sería yo y cómo sería el mundo sin alguno de ellos, y estoy convencida de que sería mucho menos especial de lo que lo es ahora. Uno de los colores de mi visión se apaga.

Y para colmo hoy leo en las redes la carta de un chavalillo de 28 años que quiere dejar de vivir  porque tiene fibromialgia. En la carta se despide de la gente diciendo que no teme a la muerte porque lo que está viviendo es un infierno. Y me estremezco solo de pensarlo. Lo que te tiene que pasar por la cabeza o el sufrimiento que tienes que tener para plantearte dejar de vivir. Dejar de ver, de oír y de sentir. Dejar de hablar, de contar historias, dejar de escribir tu historia, todo lo que te queda por delante cuando tienes 28 años…

El miedo a la muerte es común, no se habla de ella a pesar de que es algo que siempre siempre va a ocurrir. ¿Cómo te gustaría morir? Mi respuesta sin duda es feliz. Feliz de haber vivido la vida, de haberme reído mucho, de haberlo pasado mal, de haber fracasado muchas veces y de haberme vuelto a reír con el tiempo de todo aquello. Feliz de haberme encontrado en mí camino con tanta gente increíble y de haber sabido decir que no a los que no eran para mí. Feliz de sentirme querida, amada, respetada… feliz de haber sacado muchas sonrisas y algunas lágrimas que otras, feliz… así que si, es así como quiero morir… y si es así, podría hacerlo en este momento…

La muerte, como la vida, está llena de imprecisos, de imprevistos, de rumbos cambiados, de caminos erróneos, de falsedad… nunca sabemos cuándo llegará, ni qué pasa cuando tu corazón deja de latir. Sólo nos queda esperarla, con miedo, con armas, con valentía si se puede, con melancolía y sobre todo, con ganas de vivir, con ganas de aprovechar lo que queda, porque cada día que pasa, es un día que tienes que celebrar que estás aquí, aunque sea pasando un mal momento, aunque sea sin pasta, con problemas en el trabajo o con unos kilos de más… cada día tenemos que celebrar que estamos, que sentimos y que somos…que no estamos enfermos y que si lo estamos, se puede solucionar, que somos unos luchadores, todos, porque a pesar de los malos momentos, de la falta de ganas, la vida tira de nosotros.

La muerte es el final, cuando no quedan pensamientos, lecciones ni palabras. Todo se acaba con ella, esa historia tiene un fin, pero mientras tanto, mientras siga viviendo, yo seguiré escribiendo, escribo mi historia contigo a mi lado… aunque a veces me falten las palabras.

Recuerdos.

Siempre me ha impresionado la capacidad del ser humano para guardar recuerdos, para guardar olores y estados de ánimo en la cabeza.
Yo guardo muchos recuerdos de mi vida, algunos que me gustaría que se borrasen y otros que me encantaría que fueran todavía mucho más vivos de lo que son, y es que los recuerdos, si no piensas en ellos con asiduidad, se olvidan, pequeños detalles que ya no sabes cómo eran y al final se convierten en otra cosa, un recuerdo, sí, pero paralelo a lo que teníamos antes.

Recuerdo muchas cosas de mi infancia, pero algunas las recuerdo especialmente. Recuerdo siempre siempre siempre ir al paraíso la primera quincena de julio, que coincidía con las fiestas. Mi padre nos llevaba el fin de semana y se volvía a trabajar y nos quedábamos con mi madre allí 15 días, que hasta que no conocí a mis amigos, para mi eran un infierno. O bueno… eran un infierno pensándolo de adulta, ahora, porque todo lo que hacía era recibir 100 pesetas al día e ir al estanco del pueblo a ponerme morada de chucherías, pero lo irracional es que el recuerdo que tengo ahora de aquello (con la distancia de los años), no era aburrido… estaba todo el día asilvestrada en el patio de casa, había gatos y teníamos un perro. Había bicis de todos mis primos y solía salir con ellas… me iba por las tardes a andar con mi madre y con mis tías, que era básicamente dar un paseíto de una hora por el monte y volver a casa a jugar en el patio. Recuerdo los 4 días de fiestas, recuerdo que quedarme en la velada para mí era lo más, y lloraba amargamente tumbada en dos sillas porque no había sofás (y sigue sin haberlos) para que mis padres me dejaran ir. Y lo peor de todo es que me engañaban diciéndome que sí, sabiendo que me iba a quedar dormida en las dos sillas en cuestión de minutos. Me hubiera gustado aguantar algún día hasta la 1 de la mañana a ver cómo se las apañaban para no llevarme al baile al que mis hermanas y mis primos iban…

Recuerdo el olor de ese patio aun sin estar allí, recuerdo las plantas de hierbabuena que lo adornan y el techo emparrado del fondo. Recuerdo cuando hicieron una barbacoa de piedra para poder asar chuletas aunque no recuerdo haberla utilizado nunca.
Recuerdo la piscina (¡que teníamos una piscina señores!) con el agua más fría de la historia ( y más sucia) con unas escalerilla metálica que seguro que no pasaba los controles de sanidad de hoy en día, y recuerdo a mis primos bañándose, recuerdo risas… y recuerdo camaradería entre todos ellos, recuerdo sentirme sola a pesar de que era la niña bonita de todos, pero me hubiera gustado tener una prima de mi edad, de esas que son tus mejores amigas ( al menos durante la infancia) y compartes con ella todo lo que te pasa…

Recuerdo especialmente, siendo muy pequeña todavía (9 o 10 años) cómo mi hermana se emborrachó una noche. Recuerdo la agonía de mi madre buscándola por la plaza, recuerdo a sus amigos dando largas para evitar contarle que la habían metido en la cama de la toña que llevaba. Recuerdo ir con mi madre a despertarla y darla de leches (literalmente) y no enterarse del pedo que llevaba. Recuerdo el día siguiente, a mi hermana, la dulce rubia incapaz de emborracharse, levantarse con la misma cara que me he visto a mi muchas veces y recuerdo a mi padre volver de Madrid solo para castigarla.

Recuerdo muchas cosas de esos 15 días, las ganas que tenían de que pasaran para irme al otro pueblo ( que es donde de pequeña fui más feliz) las ganas de ver a mis amigos ( porque allí sí que los tenía) la alegría de entrar en mi urbanización y ponerme a correr como una loca en los pinos. La hartura de piscina todos los días durante 2 meses. El desayuno viendo “Los rompecorazones” en la terraza y los días de deberes en la mesa. Las ganas de bajar a bañarme y que me llamaran gritándome desde la ventana para irme a comer.

Las siestas… oh… esas siestas de después de comer, en verano, que cuando despiertas no sabes ni qué hora es ni cómo te llamas, y que hasta el primer baño de la tarde en la pisci no eres persona. El atardecer sentada en la piedra de la piscina porque era el último trocito de sol y estaba calentita. El subir corriendo a ducharme porque había quedado en 3 minutos con mis amigos en la primera plazoleta para ir a jugar a rescate. Los bocadillos de salchichas con kétchup que me comía mientras corría … y la llamada desde la ventana (otra vez) para que subiera a dormir que ya era hora. Y así, día a tras día, durante 2 meses, era lo mismo. Pero yo era feliz y ahora me hace muy feliz ver cómo  mis pequeñas sobrinas están viviendo absolutamente lo mismo, veo en sus ojos esa impaciencia de calle, de piscina, de amigos. Y me emociono.

Son recuerdos felices, de los que te ponen la sonrisa en la cara cuando piensas en ellos, y ahora, me viene el olor a hierbabuena, a cloro de la piscina, a bocatas de salchichas, a chuches en cantidades industriales y estoy sonriendo… y es ahí, cuando me fascino, esa capacidad para recordar y hacer de los recuerdos una realidad, eso no deberíamos perderlo nunca.

Tengo muchísimos más recuerdos, hoy os quería contar un par de ellos… seguiré otro día con más, porque a veces, me faltan las palabras.

TAAAAN mayor.

Pues sí, es un cambio. Esta semana he cumplido 30 años y parece una tontería, pero si, noto un pequeño cambio. Evidentemente no me he despertado con la cara llena de arrugas y canas en el pelo (aunque he de decir que no tengo la misma piel que hace 10 años) pero si, interiormente ha sido una explosión de sentimientos.

Los 30 son los nuevos 20, dicen. Ya no nos casamos y tenemos hijos con 20 años, ni con 30 y si me apuras con 40 tampoco… y sigo haciendo una vida más o menos igual a cuando me independicé con 23… Pero es cierto que yo, ya no aguanto todo lo que aguantaba antes, y esto, lo digo en todos los sentidos.

Lo siento mucho, pero llega un momento que ya no aguanto chorradas, no aguanto estar con gente que no me aporta nada, no aguanto ir a garitos con la música hasta arriba y quedarme afónica en seguida. No aguanto a la gente falsa (señores, que ya tenemos una edad para ir haciendo el canelo por la vida), no aguanto que me digan lo que tengo que hacer a todas horas y no aguanto que me pongan etiquetas de por vida por algo que ya no soy o que ha evolucionado…

Disfruto mucho más de unos vinos en la calle y con el sol en la cara que de tomarme mil copas por la noche y estar al día siguiente hecha polvo. Me gusta comer, y cada vez disfruto más de las cosas que en años anteriores odiaba… me gusta disfrutar la vida e intentar dormir menos de lo habitual para aprovechar todo el día haciendo cosas. Me gusta cuidarme e ir al gimnasio para sentirme más bella y con mejor salud. Me gustan las pequeñas cosas que antes me parecían de viejos, como pasear o ir al cine un sábado por la noche. Me gusta estar tranquila en el sofá viendo una película buena. Me gusta estar con la familia y disfrutar de todo lo que me ofrecen y me gusta levantarme un domingo contigo y vaguear en pijama por mi casa.

Dicen que es la mejor decena de tu vida, dicen que nunca vivirás nada parecido a la época de los 30, que luego vienen los niños, las facturas, los quebraderos de cabeza… pero… yo, salvo los niños, todo lo demás lo tengo desde hace años. Sinceramente, mientras no haya niños (que me parece el cambio más abismal que una persona puede tener) creo que mi vida, seguirá tal y como es… con problemas, con éxitos y fracasos, con mi gente… Pero si, mientras escribo esto, pienso… y… si, hay algo en mí que ha cambiado…

Recuerdo cuando tenía 11 o 12 años y decía con mis amigas… “¿Cómo seremos con 30?” y mi cabeza no daba para imaginarme TAAAN mayor… no me podía imaginar dónde viviría, ni con quién, como sería mi cara, mi pelo y mi cuerpo… y ahora que los tengo… ¡pues es que me veo igual! No me veo TAAAN mayor como veían mis ojos de adolescente… pero es cierto que si me hago la misma pregunta ahora… “¿Cómo seré cuando tenga 50?” Y tampoco sé que decir… cómo será mi cara, mi pelo y mi cuerpo… dónde viviré y con quién… “¿tendré hijos?, ¿Dónde trabajaré?” Son muchas preguntas… y si, ahora veo los 50 como alguien TAAAN mayor… ojalá dentro de 20 años me pase lo mismo que ahora, que sigo siendo la misma de siempre… sin cambios… que me vea igual…

Conclusión… los 30 son los nuevos 30, que cada uno viva su vida como le dé la gana… cambian cosas, te haces mayor… la cuestión es saber adaptarte a esos cambios y vivirlos intensamente, aunque sea desde tu sofá viendo una película en buena compañía. La vida cambia, la gente cambia… pero que los años no me cambien, y si lo hacen, intentaré que no me falten las palabras para contároslo.

Mi primera historia.

Él empezó a escribir mi historia. Y yo soy un capítulo más de la suya. Fue mi principio, el que me dio la vida. El que comenzó el «erase una vez» de una vida que aún le queda mucho por escribir. A la suya y a la mía.

Él se enamoró, era joven y muy muy guapa, y nada se interpuso, ni los comentarios de alguien tan mayor con alguien tan joven, nada, nunca. Lo vio claro y fue a por ella, claro como cuando ves algo que sabes que será tuyo el resto de tu vida, y que por mucho que pase, nunca cambiará… Y así, él, escribió el primer capítulo de mi vida y yo uno más de la suya.

Yo no sería quien soy sin él, porque él me lo dio todo, todo lo material y lo emocional que una chiquilla necesita, esforzándose y matándose para que no me faltara de nada, para poder ir a la playa 15 días al año, para tener los reyes más maravillosos de todo el vecindario, para que estudiara, para que luchara, para que valorara lo que tenía.

Él me descubrió el paraíso, y me siento tan unida a él en parte por lo mucho que lo quiere. Por cómo le hace sentir estar allí, porque se acelera, se pone nervioso y es feliz. Feliz cuando lo pisa, cuando lo huele, cuando pasea por sus calles. Lo mismo que me pasa a mi cuando voy, y es algo que solo unos pocos podemos sentir. Y entre ellos, somos él y yo.

No estaba mucho en casa, pero es que trabajaba mucho para seguir escribiendo la historia… No le veía mucho, pero estaba ahí, y yo, esperaba despierta para darle un beso por la noche y calentarle la cena en el microondas. Tuvo muy mal genio, y si, se lo llevó a casa muchas veces, pero ahora entiendo que era por nosotras, preocupaciones de salir adelante, de seguir escribiendo capítulos y forrando portadas de 3 libros diferentes.

Él me ha acompañado en todos los grandes momentos de mi vida , él me ha sostenido cuando era un bebé y me ayuda a caminar sobre tacones altos ahora que soy mayor.

Él es sabio, y no porque tenga muchos estudios, pero la cultura que tiene de la vida ya les gustaría a muchos eruditos. Es templado ( incluso con el fútbol) y tiene una visión de la vida mucho más amplia de lo que parece. Siempre aceptó mis decisiones, aunque me equivocara en muchas de ellas, pero siempre me dejó caer, darme la torta contra la pared, sabiendo que estaba a 1 metro de mí por si las heridas eran muy grandes.

Él me enseña a cada paso, y me reconforta con su voz tomada (como la mía) cuando le pido consejo. Heredo muchas cosas suyas a pesar de que nadie, nunca, me haya sacado parecido… pero esas me las guardo para mi, es más bonito.

Él nunca fue de muchos abrazos o besos, pero siempre le sentí cerca y lo sigo haciendo. Él me cuida, acepta mis fracasos como suyos, mis alegrías son las suyas también y vela cada noche porque esté bien y sea feliz. Como yo lo hago por él.

Mañana no es su día, porque es poco celebrar en 24 horas todo lo que le debo, lo unida que me siento a él de unos años aquí y todo lo que siento por él. Porque nunca nadie tuvo una mirada azul tan sincera, tan buena y tan honesta. Porque nunca, nadie, sabrá lo que te quiero, lo orgullosa que me siento de todo lo que has sacado adelante y lo orgullosa que me siento de ser una capítulo importante de tu vida.

A veces me faltan las palabras, papá, pero es que aún nos quedan muchas historias que escribir juntos. Te lo prometo.

Estira.

Estoy reventada. No puedo decirlo de otra manera. Sé que es lo que tiene empezar una nueva etapa de tu vida, y no me malinterpretéis, porque no puedo ser más feliz, pero si, estoy reventada…

Y lo peor de todo… !qué no tengo tiempo de ir al gimnasio!. Para los que me conocéis o leéis, ya sabéis que me he vuelto una loca del deporte. Me quedé en el paro y necesitaba ocupar mi tiempo libre ( como la canción de Perales) y decidí invertir cierto tiempo en ponerme en forma para poder lucir palmito en el verano. Lo que fue una tontería,acabó enganchándome y ahora que no puedo hacer todo el deporte que me gustaría, me cabreo.

El problema es que no llego a las clases que me gustan y las que me da tiempo me obligan a llegar a casa a horas intempestivas cuando al día siguiente madrugo, por eso, desde el lunes, empecé a correr cuando llegaba a casa, y si, estoy más que reventada…

Puedo decir (y digo) que consideraba estar bastante en forma debido a hacer una clase de spinning diaria ( como mínimo) pero después de ir a correr tengo agujetas en sitios que ni sospechaba y vuelvo a andar como las muñecas de famosa dando pequeñas zancadas porque me duele todo.

Y para colmo, no he debido de estirar bien estos días y ya si que si, tengo una rigidez corporal que parece que me han metido un palo por el orto y no me lo puedo sacar. Aún si, quiero seguir. Me viene bien, libero tensiones, me da tiempo a poner en orden mi mente y cuando llego a casa parece que he hecho algo más en el día que trabajar y ver un rato la TV.

Qué importante es estirar amigos… creo que más importante casi que hacer deporte… y esto me lleva al pensamiento de los estiramientos… Si es importante estirar bien tras un ejercicio físico, deberíamos también estirar el cerebro tras un día en el que las preocupaciones y los quehaceres forman parte del día al completo.

Qué importante es estirar las emociones y recrearte en esos momentos felices que no quieres que acaben nunca. Estirarlos hasta más no poder.

Qué importante es estirar las relaciones, cuidarlas mientras las estiras, pero a la largo plazo, como si fuera un chicle Boomer de esos que en los anuncios parecía kilómetros y en la caja no llegaban a 50 cm.

Por eso hoy, quiero aconsejaros que lo penséis… estiramientos… físicos, mentales, sentimentales,anímicos, emocionales y del alma. Lucha por estirar los momentos en los que eres feliz, las cosas que te hacen feliz porque si no, como los músculos, se oxidan, se rompen las fibras y estas 4 días con un careto malo y un palo metido por el culete.

Lucha por los estiramientos, por alargar esa felicidad, porque al final, es tu vida y tú y solo tú te quedas con lo que te hace feliz y sudas lo que no quieres que forme parte de ella.

Ahora si, después de esto voy a salir a correr un rato, prometo invertir tiempo en hacer un buen estiramiento y mientras corro desechar todo lo malo que me atormenta y no me deja ser.

Me quedo sin palabras, a veces es difícil estirarlas, pero si lo trabajo puede que algún día no me falten.

SANQUEREMOS.

Llega el día de la mujer trabajadora y me hace replantearme muchas cosas… que haya un día para la mujer que trabaja…

Si, lo sé, había que dedicarnos un día porque lo hemos pasado muy mal, porque nos han esclavizado durante muchos años, porque siempre hemos sido menos cuando en realidad nunca lo hemos sido, porque las cosas afortunadamente han cambiado… pero dedicar un día para celebrar que la mujer está trabajando, en los tiempos que corren, me parece un error.

Nunca me he considerado una feminista en potencia, pero es cierto que quizás por mi edad o quizás por la familia de la que vengo (que somos un 90% mujeres) siempre he visto normal que la mujer trabaje. Mi madre siempre ha trabajado y ha ayudado igual que mi padre a llevar la comida a casa, y quizás por eso, yo siempre trabajé desde bien pequeña.

No considero relevante celebrar un día para gritar a los cuatro vientos que ”nosotras parimos y nosotras decidimos” cuando en realidad, somos iguales a los hombres (y según algunos estudios, mucho más eficientes que ellos en muchos ámbitos). Por eso, celebrar este día, en el fondo, lo que me parece, es un atraso bestial. Es como si celebráramos el día del hombre que se queda en casa a cuidar de sus hijos, o el día del hombre que se encarga de las cenas y las comidas…

Si, lo sé, es cierto que el hombre no ha sido tan minusvalorado como la mujer en muchos aspectos, pero queridos, yo no voy a aplaudir porque un hombre limpie o cocine o se encargue de los niños al igual que no quiero que nadie me aplauda a mí por levantarme todos los días para ir a trabajar porque es mi obligación, mi manera de traer comida a casa y mi sustento para caprichos cuando me da la gana.

La cosa sería celebrar otro tipo de cosas, porque en España, otra cosa no, pero los “sanqueremos” los hacemos con una soltura que da gusto, iría más de celebrar el día que empieza la primavera, el día que empiezas a ver luz al final del túnel o proponer poner el día de la tortilla a nivel nacional y que todo el mundo ese día coma tortillas de patatas (me parece mucho más de celebrar que tengamos en España una cosa tan rica, que sea nuestra y que la bordemos tan bien).

Así, queridos lectores, propongo para otro post una serie de celebraciones (que podríamos mandar al organismo que corresponda) para omitir de nuestro calendario el día de la mujer trabajadora y poner el día en que todos trabajemos o el día que España se recuperó de la crisis… ahí dejo dos opciones… ¿Cuáles son las tuyas?

Y ahora si, después de una jornada de trabajo larga, de llegar a casa y preparar las cosas de mañana, de ir al gimnasio un rato y de ponerme a escribir este post, esta mujer trabajadora se va a la cama con un hombre trabajador, porque somos iguales, somos lo mismo y porque ya no me quedan más palabras que decir. Me faltan.

Mi viejito que me guarda.

Esto va para ti, porque se que estás ahí. Porque no eres mi ángel de la guarda, eres mi viejito que me guarda. Porque te noto conmigo a cada paso que doy y porque nunca lo digo alto (o casi nunca) pero pienso en ti y mucho.

Porque noto tu fuerza a mi lado, noto cuando me desplomo que me empujas con tu barriga redonda y me ayudas a tirar para delante, porque sé que escuchas mis pensamientos con tus enormes orejas y porque si hay algo que jamás en mi vida olvidaré es tu risa cuando eras feliz.

Porque tienes mucho que ver en mi vida, porque algunos de los recuerdos más bonitos son subidos a tu lomo y pidiéndote caprichos. Porque veo mucho de ti en mi, porque cuando eres pequeña, a veces, no sabes apreciar lo que tienes, pero yo lo sabía, sabía que tenía el mejor viejito conmigo, digno de admiración por todos mis amigos y el mayor organizador de barbacoas que ha existido jamás. Porque todos te querían y yo me sentía orgullosa.

Porque nunca te importó el dinero mientras fuera gastarlo en hacernos felices, porque siempre me diste todo lo que te pedí y porque te fuiste tan pronto que noto una sensación de vacío al pensar lo que hubiera sido si siguieras conmigo ahora.

Porque nadie (y digo nadie), puede pensar en algo malo tuyo, porque dejaste mucho por aquí,dejaste mucho bueno. Porque nos enseñaste que la familia es lo primero y que son ellos los que estarán ahí hasta el final.

Porque me encantaría que Él  te hubiera conocido y hubiera podido disfrutar tus ganas de vivir y de comerte el mundo. Porque tú si que sabías hacer networking como los de antaño con todas tus fiestas y tus viajes a la playa a pescar.

Porque la dejaste pronto y ella te sigue queriendo como si os acabarías de conocer (pachasco) y porque no hay ni una Nochevieja que no nos acordemos de ti (Aunque yo recuerdo especialmente aquellas visitas en Navidad a la plaza mayor a comprar cosas de broma para reírnos de la familia).

Y así, sigo mi vida, sin ti, luchando, contigo. Y así vivo mi vida, sin ti, disfrutando, contigo. 

Todos los buenos se van siempre, antes y pronto, pero era el momento. Nos hiciste mas fuertes a todos, y yo, siendo tan pequeña descubrí que la vida no es para siempre, que la tienes que vivir al máximo, disfrutando de las heridas y de las tortas a pesar de que duelan, porque se acaba, y cuando pasa, dejas un vacío que nunca se llena.

Porque nada es para siempre, nada está escrito, todo puede cambiar y porque si no exprimes cada momento, nunca serás feliz. La vida se mide en instantes fugaces, hitos en lo que pasó algo que cambió lo que eres o lo que serás, y si no estás atento, te lo pierdes.

Porque te echo de menos y sé que andas conmigo dos pasos por detrás. Eres mi ángel, mi sombra de luz, mi parte de mala hostia redomada y mis carcajadas de histeria.

Y porque nunca hablo de ti, porque me cuesta, porque pongo tristes a los de al lado, porque dejaste un vacío irrecuperable, porque a veces, faltan las palabras.

A veces…

A veces me faltan las palabras. A veces tengo miedo. A veces sufro. A veces soy feliz. A veces quiero volver al pasado y cambiar y a veces me adelanto al futuro tanto que me quedo sin aire.

A veces pienso mucho y a veces no pienso nada. A veces lloro de alegría y a veces lloro de pena. A veces me cabreo y a veces paso de todo. A veces duermo y otras no puedo dormir. A veces soy obsesiva con las cosas y a veces te quiero tanto que me duele.

A veces creo que te puedo perder y me duele algo muy fuerte en la tripa, a veces quiero que te vayas lejos porque no puedo tenerte en mi vida. A veces te critico y a veces te alabo. A veces te quiero. A veces te odio. A veces no te demuestro nada y a veces lo demuestro todo. A veces me faltan las palabras y a veces te abrumo con muchas de ellas.

La vida está llena de «a veces» porque lo bonito es que la vida es una inconstante donde las cosas pasan «a veces» , solo a veces, por eso los momentos buenos tienes que cogerlos y aspirarlos profundamente, porque sólo pasan a veces, pero cuando pasan, son tan bonitos que te dejan sin aliento, sin miedo,sin tensión, sin nada, sin palabras.

Sufrir nos hace más fuertes, enfrentarnos a lo malo nos hace crecer, afrontar las adversidades nos hace grandes y reconocer los errores mejores personas. Pero que duro es sufrir… que malo es pasarlo mal… aunque.. si no lo pasáramos mal,si no lloráramos, si no tenemos nervios no sabríamos bebernos los momentos en los que somos felices, no sabríamos cómo levantarnos, no sabríamos afrontar las cosas.La vida es eso que pasa cuando las cosas no salen como esperabas…

Dicen que la vida se vive por momentos, instantes en los que fuiste feliz y que recuerdas el resto de tu vida, también por momentos malos, instantes duros, que dejan cicatrices, pero que en la mayoría de los casos afrontamos de una manera u otra. Esos momentos conforman lo que eres y lo llegarás a ser, lo que dejarás en el camino y lo que dejarás clavado en la imagen de tus hijos, de tus nietos… Que dejan cicatrices de guerra y que sanan solo cuando olvidas o perdonas.

Así, si sufrir te hace más fuerte, yo quiero sufrir. Y no miento, quiero ser más fuerte, quiero ser mejor, quiero ser más feliz, quiero aspirar esos momentos y contarlos como una gran batalla que superé… Quiero hacer historia, quiero ser historia (pero no de la de los libros) de la de mi gente, mis amigos, mi familia… quiero dejar huellas, quiero ser más… quiero tenerte, quiero ser, quiero estar y quiero vivir….

Quizás es una propuesta ambiciosa, pero si tiene que llegar, que llegue, me pillará más fuerte, más grande, más yo… y si, lo abordaré con puños de acero, lágrimas, sonrisas y palabras, muchas palabras, aunque a veces falten.